A la razón a que me aferro,
día tras día,
desde ese día
que me arrancaste de un paraíso
la lluvia ansiada,
lluvia alabada,
en este enero que nos derrite,
que nos empasta,
que no da tregua,
a esa razón que me sostiene
la lluvia de hoy
ha puesto en jaque.
A su sensato y férreo norte
que afirma,
implacable e insensible,
que tu ausencia
es una verdad,
es una luz
que no se apaga con mi poesía
la lluvia de hoy
que es alivio
y que es respiro,
que no es helada
ni punzante
ni amenazante
como aquella
que colmó la escena
en que me anunciabas
que ya era hora
de bajar el telón
de volver a la vida
en que no estabas,
a ese norte,
sólido y racional,
iluminado y certero
la lluvia de hoy
ha amenazado.
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