lunes, 24 de enero de 2011

elecciones

El juego compartido, la pelea, el arte en soledad.

El juego compartido. La pelea. El arte en soledad.

El juego compartido. La pelea.
El arte en soledad.

El juego compartido.
La pelea.
El arte en soledad.

El arte en soledad.

El juego
solitario
a la distancia.

El arte en soledad.

El juego
la pelea
a la distancia.

El arte, placentero, en soledad.

El juego
la pelea
a la distancia

El arte, placentero, compartido.

el juego insípido incoloro inodoro a lo lejos

El arte sabroso, colorido, aromático alrededor.


el juego contaminado
erosionado
tempranamente extinguido
a la distancia

El arte puro,
enriquecido,
fecundo.
Fecundado a tiempo,
a tiempo dando a luz
a un nuevo juego
capaz
de sortear la muerte prematura,
de alcanzar la longevidad.
Un juego de infancia que vive en virtud de sus valores:

el placer,

la satisfacción del deseo,

la armonía,

el respeto,

la aceptación del fracaso,

la necesidad de otro,

la necesidad del cambio,

la belleza.



el juego contaminado
erosionado
tempranamente extinguido
a la distancia

El arte puro,
enriquecido,
fecundo,
alrededor.


El arte sabroso, colorido, aromático alrededor.

El juego insípido, incoloro, inodoro a lo lejos.

El arte, placentero, compartido, alrededor.

el juego
sombrío
solitario
a la distancia

martes, 18 de enero de 2011

Un cuento sarcástico

Había una vez una nena que iba caminando por un caminito y llegó a un bosque. Lo primero que escuchó fue el piar de los pájaros. Se sorprendió, pues entendió claramente que ese “pío-pío” significaba “bienvenida”. Entonces siguió, contenta su camino.

No mucho más adelante volvió a sorprenderse porque sintió el aroma de hierba húmeda y entendió, claramente que el olor de la naturaleza era la manera que tenían los vegetales de darle la bienvenida.

Caminó un poco más, más contenta y apenitas más adelante sintió en la pantorrilla el golpe que le dio la piedra contra la que tropezó. Y en las manos el pinchazo de las ortigas contra las que cayó. Y en la nariz, los cachetes y la boca la respuesta instantánea, automática que da el choque de la piel contra la viscosidad de los charcos de barro: el asco.

Y se largó a reír hasta descostillarse, pues entendió que la naturaleza quería recibirla como lo hubiera hecho su mejor amiga.

jueves, 13 de enero de 2011

Un día el Sol fue a ver a Mercurio

Un día el Sol decidió dejar de hacerle honor a su milenario rol del ser el centro del sistema que llevaba su nombre. Entonces agarró y se tomó unos cuantos decalitros de ibuprofeno para que le bajara la temperatura y así poder acercarse a Mercurio sin dañarlo. Después de todo el planeta no estaba tan lejos. ¿Cuánto podría tomarle recorrer aproximadamente cincuenta y siete millones novecientos diez mil kilómetros a él?

Cuando sintió los primeros chuchos de frío, comenzó a rotar lentamente en dirección al pequeño planeta. Tras los primeros giros lo invadió una desagradable sensación de náusea. Entonces se detuvo y se tomó cinco minutos para tomarse un té de jengibre, pues hacía tiempo, quien sabe cuántos siglos atrás, había escuchado que no había forma más sencilla para acabar ese malestar.

Al rato ya estaba mejor y las ganas de acercarse a otro habitante del sistema que llevaba su nombre, sin duda, habían crecido. Entonces agarró y volvió a intentar. Rotó despacio sobre su eje unos cinco segundos para darse envión y enseguida comenzó a trasladarse hacia Mercurio, que de a poquito se estaba yendo para un costado.


No había pasado mucho tiempo cuando notó que estaba metiéndose en una zona más fresca. En menos de lo que canta un gallo intentó detenerse, pues supuso que ese cambio de temperatura no podía ser otra cosa que la entrada a la órbita de Mercurio. ¡Nunca imaginó que frenar iba a ser más complicado que arrancar! ¡Estaba totalmente mareado! ¡No tenía posibilidad alguna de controlar sus movimientos! Una fuerza mayor lo mantenía tambaleándose de acá para allá. De allá para acá. De acá para el otro lado. Y ¡PUM! Se detuvo.

A solo unos metros de él, con una grieta en forma de medialuna con las puntas para abajo, estaba el pequeño, durísimo, grisáceo Mercurio. La grieta comenzó a abrirse. Hilos de lava anaranjada le chorreaban por los bordes. Dos cráteres profundos, ubicados por encima de la grieta triste, parecían mirarlo con una mezcla extraña que combinaba desconcierto, enojo y alivio.

− Disculpame, ¿te duele?, preguntó el Sol.
− Un poco − respondió el chiquitín. Pero no es nada, hace siglos que te esperaba. Pensé que nunca te ibas a decidir a salir del centro de tu sistema.
− Estaba bastante cómodo, pero muy solo y aburrido.
− Hace siglos que te estaba esperando. La verdad casi pierdo la esperanza, pero ya estás acá. Con la temperatura justa. Y justo a tiempo.

“¿La temperatura justa? ¿Justo a tiempo?” El Sol no entendía lo que estaba pasando. Y ya iba a preguntarle a Mercurio si se estaba muriendo de frío con los trescientos y pico de grados que le mandaba desde el centro del sistema, cuando notó que la grieta con puntas de medialuna para abajo era ahora una medialuna con las puntas para arriba. Y ya iba a preguntarle a Mercurio si se sentía mejor, cuando notó que desde los profundos cráteres que estriaban su superficie chorreaba un líquido. Era incoloro. Era inodoro. Era insípido.

Fue enceguecedor el flash que salió de un cuerpo extraño que giraba muy cerca del planeta rocoso. “Los humanos se acaban de enterar que en mí van a encontrar lo que les está faltando en la envejecida Tierra,” explicó Mercurio. “Espero que hayan dejado de creer que son el centro del sistema que lleva tu nombre y nos respeten un poco más”.

martes, 4 de enero de 2011

Un postre que nunca elegirías
¡Helado! ¡Puaj!

El color que menos te gusta
Blanco. Definitivamente.

Algo a lo que le tengas miedo.
Al extraño, barbudo, de pelo largo.

Hablando de canciones, la canción que menos te gusta
Manuelita

El peor recuerdo de tu infancia
Papa Noel. Venía del Polo Norte. Solo una vez por año. Y no lo podía ver.

Un deseo.
Que vuelva papá.

domingo, 31 de enero de 2010

Corte de luz

A la razón a que me aferro,
día tras día,
desde ese día
que me arrancaste de un paraíso
la lluvia ansiada,
lluvia alabada,
en este enero que nos derrite,
que nos empasta,
que no da tregua,
a esa razón que me sostiene
la lluvia de hoy
ha puesto en jaque.
A su sensato y férreo norte
que afirma,
implacable e insensible,
que tu ausencia
es una verdad,
es una luz
que no se apaga con mi poesía
la lluvia de hoy
que es alivio
y que es respiro,
que no es helada
ni punzante
ni amenazante
como aquella
que colmó la escena
en que me anunciabas
que ya era hora
de bajar el telón
de volver a la vida
en que no estabas,
a ese norte,
sólido y racional,
iluminado y certero
la lluvia de hoy
ha amenazado.

sábado, 23 de enero de 2010

Cri-crí cri-crí, ¡y a dormir!

Muy cerca sentí
cri-crí, cri-crí.
Los ojos abrí
cri-crí, cri-crí
pero no lo ví,
cri-crí, cri-crí.

Cri-crí, cri-crí
no dejaba de oir
cri-crí, cri-crí.
Si quiero dormir
cri-crí, cri-crí
lo tendré que seguir.

Crí-crí, cri-crí
“cri-crí,” repetí.
Cri-crí, crí-crí
“cri-crí,” insistí.
cri-crí, cri-crí
me empezaba a divertir
cri-crí, cri-crí
“cri-crí,” y me dormí.

Charla entre una abeja y una mariposa

– ¡A otra rosa, mariposa! Y sin quejas, dijo la abeja.
– ¡Es que estoy muy hambrienta, de dar tantas, tantas vueltas!
– Soy obrera, compañera. Aquí vine a trabajar y vos no dejas de jugar.
– Necesitas un recreo, aseguró sin titubeos la hermosa mariposa.
– Yo saldré a jugar después de descargar mi granito de arena en la colmena.
– Entonces mejor que escuches, mientras llenas tu buche, el canto del colibrí que ya está por venir. Y huele hasta que termines, el aroma de los jazmines. Y recorre todos los colores, del cielo, las plantas y las flores, porque amiga, disculpame que te lo diga, pero tu próxima tarea será ventilar la colmena!
– Mi vida es esa, hermosa princesa: trabajo sin cesar, obedezco sin vacilar y, si puedo, salgo a jugar.
– ¡Qué aburrida es tu vida!, exclamó y el ceño frunció.
– ¿Mi vida? Es divertida, cambio de tareas en cuestión de días. Ni bien tuve uso de razón, me pusieron a limpiar un montón. Y yo aprovechaba para jugar, en lugares donde no se puede estar. Después, siendo nodriza, me moría de risa, hacía una jalea real que dejaba a todos mal. Los zánganos glotones, quedaban tan pipones, que cuando les tocaba fecundar sus alas translúcidas no podían desplegar. Después me tocó ser centinela, y como el panal esta frente a una escuela, me entretenía todo el día mirando la gente que entraba y salía.Y a veces hacía alguna achuría cuando salían al mediodía y se amontonaban frente a la entrada. Un día bajé y un revuelo armé. Yo había escuchado a un abogado decir que había matado a una abeja que había picado a su vieja. Me enfurecí y lo corrí. Todo el mundo se alborotó, hasta la directora corrió! Y ahora que vuelo por donde quiero y elijo yo la mejor flor para trabajar, siempre me encuentro un insecto atento, que hasta mí viene y me entretiene. Como vos, mariposa, que vas a tener que buscar otra rosa, ¡porque el néctar de esta ya esta en mi cesta!